Una mirada a la ruta del cáncer infantil

Una mirada a la ruta del cáncer infantil…cortometraje

El equipaje nunca es ligero. No hay manera de librarse de la incertidumbre ni de esa ansiedad en la que se embarcan súbitamente en el primer viaje. Muchos sienten el temblor de las manos mientras se preparan un simple café antes de que amanezca. En esos dedos titubeantes que cuentan, con impotencia, las pocas monedas que quedan. La carga se vuelve más pesada en los siguientes trayectos. La preocupación, la duda y el dolor la obligan a enterrar las uñas en el borde de la canoa que se desliza veloz por el río, en el cajón de madera de una vetusta camioneta, en los asientos desgatados de un bus.

Esas manos son de la madre de Doménica. Ambas recorren más de 300 kilómetros desde su casa, en un apartado caserío de la Costa, hasta el hospital en una gran ciudad donde la niña recibe tratamiento contra el cáncer. Sus manos son las protagonistas de ‘El Viaje’, un filme que dura menos de cinco minutos. En las pantallas de Cinemark, antes de cada película se ve el desesperante trajín de cientos de familias que luchan contra el cáncer. “Es una realidad que muchas veces no vemos”, dice Sergio Moraga, director creativo de ParadaisDDB, que junto a la también agencia Granidea y a la productora La Canguilera realizó el cortometraje para apoyar a la Fundación Casa Ronald McDonald. El cortometraje lleva su historia de la pantalla a la vida real y con cada proyección espera sumar conciencia y donaciones para que los chicos no dejen sus tratamientos.

Para las familias de niños con cáncer que viven en apartadas zonas rurales del país es imposible embarcarse día tras día en esta travesía. “La lucha contra la enfermedad es muy larga y, lamentablemente, el 40% de los chicos abandona el tratamiento por falta de recursos”, asegura Roxana Muñoz, directora ejecutiva de la Fundación Casa Ronald McDonald. La fundación da descanso, alimentación y contención. Está junto al hospital de Solca en Guayaquil y se ha convertido en una parada de esperanza para 18 000 padres y niños que encontraron refugio lejos de casa mientras completan largas y complejas terapias.

Los médicos especialistas confirman esos obstáculos en el camino. La distancia incide en diagnósticos tardíos por falta de centros especializados en la detección de cáncer en pequeñas ciudades; los centros pediátricos oncológicos están en Guayaquil y Quito. Álex, de 12 años, no ha dejado de viajar en los últimos siete meses. Tiene un tumor cerebral que no pudo ser removido por completo tras una cirugía. “Aún queda un 20%. Por eso está en radioterapia y quimioterapias”, cuenta Stephanie Ruidíaz, su mamá. Al comienzo usaban hasta cuatro horas en buses para desplazarse desde la parroquia José Luis Tamayo (Salinas, Santa Elena) hasta el hospital de la Sociedad de Lucha contra el Cáncer (Solca), en Guayaquil. El jovencito extraña el mar, pero ha encontrado consuelo en los amigos que hizo en la casa.

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